¿Fidelidad? ¿Qué es? ¿A que?
¿De que nos conocéis para llamaros Templarios? ¿Qué sabéis de nos, para proclamar nuestro nombre como vuestro?
¿Fidelidad? ¿Qué es? ¿A que?
En pocas palabras y algunos apuntes...
(SAN BERNARDO DE CLARAVAL)
CAPÍTULO I
Elogio de la Nueva Milicia
Se oye decir que un nuevo género de milicia acaba de nacer en la tierra, y precisamente en aquella región donde antaño viniera a visitarnos en carne el Sol Oriente, para que allí mismo donde El expulsó con el poder de su robusto brazo a los príncipes de las tinieblas extermine ahora a los satélites de aquellos, hijos de la infidelidad y de la confusión, por medio de estos fuertes suyos, rescatando también al pueblo de Dios y suscitando un poderoso Salvador en la casa de David su ciervo.
Si, un nuevo género de milicia ha nacido, desconocido en siglos pasados, destinado a pelear sin tregua un doble combate contra la carne y sangre y contra los espíritus malignos que pueblan los aires. Cierto, cuando veo combatir con las solas fuerzas corporales a un enemigo también corporal, no solo no lo tengo por caso maravilloso, pero siquiera lo juzgo raro. Cuando observo igualmente como las fuerzas del alma guerrean contra los demonios, tampoco me parece esto asombroso, aunque si muy digno de loa, pues lleno está el mundo de monjes, y todos suelen sostener estas luchas. Mas cuando se ve que un solo hombre cuelga al cinto con ardimiento y coraje su doble espada y ciñe sus lomos con un doble cíngulo, ¿quién no juzgará caso insólito y digno de grandísima admiración? Intrépido y bravo soldado aquel que, mientras reviste su cuerpo con coraza de acero, guarece su alma bajo la loriga de la fe; puede gozar de completa seguridad, porque pertrechado con estas dobles armas defensivas, no ha de temer a los hombres ni a los demonios. Es mas ni siquiera teme a la muerte, antes la desea. ¿Qué podría espantarle ni vivo ni muerto, cuando su vivir es Cristo; pero desearía mas bien acabar de soltarse del cuerpo para estar con Cristo, siendo esto lo mejor.
FORMULA Y JURAMENTO
“Yo…,caballero de la Orden del Temple en …
“Prometo a Jesucristo Nuestro Señor y a su vicario…Soberano Pontífice y a sus sucesores, obediencia y fidelidad perpetua, y juro que no solamente defenderé de palabra, sino también con las armas y con todas mis fuerzas, los misterios de la Fe, los siete Sacramentos, los catorce artículos de la Fe, el símbolo de la Fe y el de san Atanasio, los libros tanto del Antiguo como del Nuevo testamento, con los comentarios de los Santos Padres que han sido recibidos por la Iglesia, la unidad de Dios, la pluralidad de las Personas de la Santa Trinidad, y que María, hija de Joaquín y Ana, de la tribu de Judá y de la raza de David, ha sido siempre virgen, antes, en el, y después del parto.
EXPOSICIÓN DEL SÍMBOLO DE LOS APOSTÓLES O DEL “CREDO IN DEU
La fe produce 4 bienes.
Primeramente por la Fe se une el alma a Dios. En efecto, por la fe el alma cristiana realiza una especie de matrimonio con Dios (Oseas, 2, 20): “Te desposaré conmigo en la Fe”.
Por lo cual al ser bautizado el hombre, desde luego confiesa la Fe, cuando se le pregunta: “¿Crees en Dios?”, porque el bautismo es el primer sacramento de la fe. Lo dice el Señor (Mc 16, 16): “El que crea y sea bautizado será salvo”. Porque el bautismo sin la fe es inútil, por lo cual es de saberse que nadie es acepto a Dios sin la fe (Heb II, 6): “Sin la fe es imposible agradar a Dios”. Por esta razón San Agustín, comentando a Romanos 14, 23:”Todo lo que no proceda de la fe es pecado”, escribe:”Donde falta el conocimiento de la eterna e inmutable verdad, falsa es la virtud aun con las mejores costumbres”.
El segundo bien es que por la Fe comienza en nosotros la vida eterna. Porque la vida eterna no es otra cosa que conocer a Dios, por lo cual dice el Señor (Jn 17,3): “La vida eterna es que te conozcan a ti el solo Dios verdadero”. Pues bien, este conocimiento de Dios empieza aquí por la fe, para perfeccionarse en la vida futura, en la cual lo conoceremos tal cual es. Por lo cual se dice en Hebreos II, I: “La fe es la substancia de las realidades que se esperan”. Así es que nadie puede alcanzar la bienaventuranza, que es el verdadero conocimiento de Dios, si primero no lo conoce por la fe (Juan 20, 29): “Bienaventurados los que no vieron y creyeron”.
El tercer bien es que la fe dirige la vida presente. En efecto, para vivir bien es menester que el hombre sepa qué cosas son necesarias para bien vivir, y si tuviera que aprender por el estudio todas las cosas necesarias para bien vivir, o no podría alcanzar tal cosa, o la alcanzaría después de mucho tiempo. En cambio la fe enseña todo lo necesario para vivir sabiamente. En efecto, ella nos enseña la existencia del Dios único, que recompensa a los buenos y castiga a los malos, y que hay otra vida y otras cosas semejantes, que nos incitan suficientemente a hacer el bien y a evitar el mal (Habac 2, 4): “Mi Justo vive de la fe”. Lo cual es manifiesto, porque ninguno de los filósofos de antes de la venida de Cristo, a pesar de todos los esfuerzos, pudo saber tanto acerca de Dios y de lo necesario para la vida eterna cuanto después de la venida de Cristo sabe cualquier viejecita mediante la fe.
Por lo cual Isaías (II, 9) dice: “Colmada está la tierra con la ciencia del Señor”.
El cuarto bien es que por la fe vencemos las tentaciones (Hebr II, 33): “Por la fe los santos vencieron reinos”. Y esto es patente, porque toda tentación viene o del diablo, o del mundo, o de la carne. En efecto, el diablo tienta para que no obedezcas a Dios ni te sujetes a El. Y esto lo rechazamos por la fe. Porque por la fe sabemos que El es el Señor de todas las cosas, y por lo tanto que se le debe obedecer: I Pe 5, 8: “Vuestro adversario el diablo ronda buscando a quién devorar: resistidle firmes en la fe”.
El Mundo, por su parte, tienta o seduciendo con lo próspero o aterrándonos con lo adverso. Pero todo lo vencemos por la fe, que nos hace creer en otra vida mejor que ésta, y así despreciamos las cosas prósperas de este mundo y no tememos las adversas: I Jn 5,4: “La victoria que vence al mundo es nuestra fe”, y a la vez nos enseña a creer que hay males mayores, los del infierno.
La Carne, en fin, nos tienta induciéndonos a las delectaciones momentáneas de la vida presente. Pero la fe nos muestra que por ellas, si indebidamente nos les adherimos, perdemos las delectaciones eternas: Ef 6. 16:”Embrazad siempre el escudo de la fe”.
ALEJANDRO III AL TEMPLE (Privilegios a la Orden-Directrices sobre los clérigos)
Nos queremos que el Temple en donde os reunís para la gloria de Dios, defensa de sus servidores y libertad de la Iglesia, sea ahora y en adelante perpetuamente bajo la protección de la Santa Sede, con todos los bienes y posesiones que goza y que obtendrá en lo venidero, tanto de la liberalidad de los príncipes, como de las limosnas de los fieles.
Introducción Al Cristianismo de: Joseph Ratzinger
El problema del auténtico contenido y sentido de la fe cristiana está hoy, mucho más que en tiempos pasados, rodeado de incertidumbre. Quien ha seguido el movimiento teológico de las últimas décadas y no pertenece al grupo de quienes, sin reflexionar, creen sin reparo que lo nuevo de todas las épocas es siempre lo mejor, podría repasar en su memoria el cuento titulado “La dicha de Hans”. Hans convertía las pepitas de oro, que tanto le molestaban, en caballo, vaca, ganso y, por fin, en una piedra de afilar que acabó por tirar al mar. Con ello no perdió mucho, sino que, por el contrario, adquirió el precioso don de una libertad más amplia, a la que siempre aspiró. El cuento deja a la fantasía de los lectores las consideraciones sobre la duración de su embriaguez y sobre lo difícil que fue para él el momento en que despertó del sueño de una deseada libertad.
LA VIDA ACTUAL DEL CONSEJO TEMPLARIO SIGLO XXI
DECLARACIÓN DEL CAPITULO GENERAL DE LA ORDEN DEL TEMPLE 2010
Nosotros, los miembros del Capítulo General del Consejo de Ancianos del Temple CIT, congregados para proceder a la renovación acomodada de nuestra Orden, oídos los diversos pareceres y, tras deliberación, así como después de haber examinado las relaciones de la encuesta realizada entre todos los miembros de la Orden, deseamos establecer en primer lugar los elementos principales de nuestra vocación y de nuestra vida, para indicar los fundamentos sobre los cuales debe descansar toda la obra de renovación.
Con nuestra Declaración de ninguna manera queremos impedir ulteriores reflexiones o nuevas soluciones, ya que también las futuras generaciones tendrán el derecho y la obligación de buscar nuevas soluciones más idóneas y mejores de vida templaria, del mismo modo que lo hicieron los fundadores en el siglo XII, y las generaciones que les siguieron. Así pues, seremos verdaderos seguidores de los Padres que fundaron el “Temple”, no cesamos de buscar nuevos caminos y maneras mediante los cuales podamos vivir siempre con más plenitud nuestra vocación según la voluntad de Dios con la guia de los Padres de la Iglesia.
FUENTES DE NUESTRA VIDA
Para poder establecer los elementos fundamentales de la vida de hoy, es necesario, ante todo, señalar las fuentes en las cuales podamos hallar las ideas básicas y el impulso necesario para ordenar nuestra vida religiosa, y cómo hemos de usar de ellas.
a) El Evangelio y el Magisterio de la Iglesia
El Evangelio, y especialmente la vida y la doctrina de Cristo, tal como vienen expuestas en el Evangelio; explicadas por el Magisterio siempre vivo de la Iglesia, y reflejadas en la conciencia y la experiencia de la misma Iglesia, es la fuente primaria, la ley suprema y la norma a la cual debemos conformar nuestra vida. Entre los documentos del Magisterio de la Iglesia, para nosotros ocupan un lugar privilegiado en estos momentos las Constituciones y los Decretos del Concilio Vaticano II, especialmente el Decreto “Perfectæ Caritatis”, y documentos posteriores del Magisterio de la Iglesia que tratan de la vida monástica y consagrada los cuales nos urgen para realizar la renovación de nuestra vida, con la peculiaridad que aporta el latín a las declinaciones propias del Temple.
b) La tradición
Los principios de la vida de hoy día descansan sobre la tradición. Evidentemente, debemos tener presente toda la tradición el monacato cristiano, es decir, de una parte aquella que precede y aquella que sigue a san Bernardo, otra parte la que corresponde al período inicial, y la que corresponde a la vida de los siglos posteriores. En la obra de renovación hemos de hacer los posibles para que nuestra vida actual sea una continuación fecunda y orgánica de los valores de la tradición.
Por consiguiente, hemos de estudiar diligentemente las tradiciones y los documentos de toda la historia del Temple, y valernos de ellos con prudente fidelidad y libertad, al establecer los principios y obligaciones de nuestra vida.
c) Regla
La Regla, testimonio excelente de las ideas y de las experiencias del Temple antiguo, ocupa y ocupará un lugar principal entre los documentos de vida Templaria. Los monjes guerreros, la interpretaban y la adaptaban sin cesar a las necesidades del tiempo en que vivían. En consecuencia las ideas principales de la Regla penetraron en toda la historia de Occidente, y todavía hoy constituyen la parte más importante de la herencia que para nosotros, constituye no solamente una fuente permanente de inspiración para ordenar rectamente nuestra vida, sino que, tanto en lo que concierne al criterio fundamental de la vida espiritual como en las formas constitutivas de la vida.
De una manera más inmediata, la Regla se encarna en la tradición y en la vida actual de cada Templario, que, bajo la luz del Espíritu Santo y la auténtica dirección del gran Maestre guiado por el Consejo, conserva la Regla como inspiración siempre actual y viva. Por esto, debemos considerar y vivir la Regla de modo que, abandonados aquellos elementos que son demasiado contingentes e incluso ya superados, sea siempre para nosotros la verdadera llave maestra de la vida de un Templario.
d) Las tradiciones
Ha de estar constantemente ante nuestro espíritu todo cuanto se refiere a la tradición Templaria, es decir: los documentos de los orígenes, los escritos de los maestros eminentes de la vida espiritual de la Orden, las vidas de nuestros santos, la historia y la experiencia. Hemos de conocer todo esto diligentemente, juzgándolo y repensándolo con el mismo espíritu de fidelidad y libertad.
La tradición no hemos de considerarla como algo ya pasado, sino como una realidad viva y actual, que tiende hacia el futuro con dinamismo y exige nuevas aplicaciones correspondiendo a las nuevas condiciones de vida y tecnologías. A este fin es necesario descubrir la íntima fuerza de la tradición, que solo podemos hallar mediante el estudio y la conformidad de nuestra vida con ella.
e) Participación y promoción de la vida actual de la Iglesia y la sociedad
Debemos conocer también íntimamente las necesidades y los deseos de la Iglesia, e instigados por ellas, hemos de procurar ordenar nuestra vida de modo que estemos dispuestos a su servicio, como hicieron nuestros antecesores. La Orden del Temple, siendo parte viva y activa de la Iglesia militante, debe y desea apreciar con diligencia sus normas y propósitos, los cuales debe promover y ayudar con todas sus fuerzas y posibilidades.
Como la Iglesia siente el gozo y las tristezas, las esperanzas y las angustias del mundo de hoy, e, íntimamente unida al género humano, se preocupa en prestarle ayuda, así nosotros hemos de percibir con espíritu abierto las necesidades y los afanes de la sociedad humana, y, guardando la índole propia y fundamental de cada Congregación o monasterio Templario y estar a su servicio de modo eficaz.
Por lo tanto, en la obra de nuestra renovación, hemos de considerar todo esto de modo que las formas y las tareas de nuestra vida respondan a las necesidades de la sociedad moderna. Debemos investigar las diversas opiniones, juicios y costumbres de nuestros iguales, entre los que vivimos, y apreciar cuanto de bueno y de justo encontremos en ellos, con lo cual podremos adquirir muchas ventajas para nuestra propia utilidad.
f) Acción e inspiración del Espíritu Santo
La fuente más importante y ubérrima de nuestra vida es la acción y la inspiración del Espíritu Santo en nosotros. Creemos firmemente, en efecto, que el Espíritu de Dios está también operando en nosotros, iluminando nuestros corazones para que conozcamos mejor la voluntad de Dios y la sigamos con más prontitud. Nada es tan importante para nosotros como sondear con sinceridad de corazón nuestra vida y nuestra vocación, bajo la luz del Espíritu Santo y responder fielmente a sus impulsos. Esta operación, aunque misteriosa, se manifiesta de una manera especial en la fraternal unión de los hermanos buscando formas aptas y dignas del servicio de Dios, con el fin de buscar sinceramente la voluntad de Dios. El diálogo digno y abierto, la sincera y común deliberación, la cooperación responsable de todos los miembros, son, en primer lugar, los medios por los cuales se nos manifiestan los impulsos y mociones, del Espíritu Santo.
COMO CONCLUSIÓN
Mientras no empecéis el camino, no digáis que nos conocéis, no digáis que sois templarios, no tenéis nada que ver con nosotros los Templarios; mientras seréis una organización mendicante, una ONG, podéis llamaros BACABLA.
de CBA CAB