9. El Cristo vino para «redimir» a algunos, para liberarlos, salvarlos. Él «redimió» a aquellos que eran extraños habiéndolos hecho Suyos.
Después Él apartó del resto a los Suyos, a quienes Él «redimió» por Su voluntad.
Él se predestinó a Sí Mismo (para el camino del servicio abnegado) cuando lo quiso, y no solamente cuando se reveló a las personas, sino que desde el día de la Creación del Mundo,
...Él se predestinó.
Fue encarnado y cuando lo quiso, se retiró. Estuvo entre los bandidos y fue capturado como un prisionero. Se liberó a Sí Mismo y también salvó a aquellos que tenían fama de buenos y de malos en este mundo.
10. La luz y la oscuridad, la vida y la muerte, lo derecho y lo izquierdo son hermanos uno del otro. Son inseparables (en las personas mundanas). Por eso entre ellas los buenos no son buenos y los malos no son malos, y su vida no es una vida, y su muerte no es una muerte.
Así que cada uno debe empezar por separar todo esto dentro de sí mismo.
En cambio, aquellos que se han desprendido de lo mundano llegan a ser íntegros, eternos.
Quien ha empezado el Camino espiritual debe separar dentro de sí mismo lo verdadero, eterno y valioso para la vida en los eones más altos de lo falso que pertenece sólo a este mundo y después debe cultivar lo primero y deshacerse de lo segundo.
Quienes han cumplido esto totalmente llegan a ser eternos en los eones Divinos.
(Evangelio apócrifo de Felipe)